Burdinola, un molino actualizado

Hasta 1450 se remonta el rastro de este singular espacio, cuando lo que ahora se conoce como Molino de Fandería se valía de la fuerza motriz del río para mover la ferrería de Renteriola. Posteriormente y a lo largo de los siglos se sucedieron los usos, como molino, fandería y fábrica de harinas y piensos.

Rehabilitado por el Ayuntamiento de Errentería, hoy en día conviven dos actividades que le dan carácter. Por un lado, un coqueto restaurante, de nombre Burdinola (nosotros, jeje). Por otro, un pequeño museo y centro de interpretación fluvial en el que se explica la vida natural y cultural del río, y donde se conservan perfectamente la antigua zona de molienda y la turbina del viejo molino.


Burdinola es un espacio único. Lo baña una luz natural omnipresente, serena y feliz, bajo la cual la experiencia gastronómica se convierte en disfrute absoluto. La oferta es informal aunque siempre regida por una autoexigencia de alta calidad y de producto de proximidad: hamburguesas, raciones, una enorme oferta de cervezas artesanas y vinos seleccionados... Todo ello acompañado generalmente por una fina selección musical.

Por si fuera poco, la terraza bajo la sombra de los árboles de la plaza Dolores Ibarruri terminan de convertir Burdinola en un caramelo difícil de rechazar.

El equipo detrás de Burdinola es la empresa Guajira Sicodélica, creadores e impulsores de la sala Dabadaba de Donostia, así como de otros espacios hosteleros (Alabortza en Pasaia, Felisa Kafetegia en Miramón).